Cuando
se abandonan las actividades y se vive sin ataduras se opta por: leer,
escribir, pensar, pasear en el espacio vital, meditando se sabe que el otium,
que quiere decir que se debe incluir el tiempo del ocio, en la que una persona
puede, disfrutar: comiendo, jugando, contemplando o descansando.
El
otium es el objetivo último de toda construcción de sí, es disponer de uno
mismo, esto es verdad en nuestros días, pero también lo fue en todo tiempo; los
hombres y las mujeres, se dividen en esclavos y seres libres.
Porque
el que no tiene de su jornada de trabajo, no tiene para sí los dos tercios de
su tiempo es un esclavo, independientemente de que sea lo que se le antoje:
estadista, comerciante, funcionario, erudito.
Vale
la pena preguntarse uno es un esclavo o un hombre o mujer libre. Si se agrupa
en la comunidad de los seres libres, entonces dispone de ese tiempo libre, lo
importante es darle el mejor uso posible.
El
autorretrato, es hablar de sí mismo, sin buscar lo que le falta, es una
descripción de lo que se práctica. El sabio, trabaja en la producción de su
ser, no se inclina ante el ideal consumista de su época que, marcada por el
nihilismo, comulga en la religión materialista del tener.
El
sabio no corre tras los cargos públicos; no tiene patria, no aspira a la
honorabilidad social, no busca las visibilidades mundanas, se burla del ascenso
social, quiere solo el dinero que le permite no estar falto, de dinero; es
frugal, ecónomo, elige sus esparcimientos, no se ata a nada ni a nadie, a
ninguna tierra a ningún lugar. Se preocupa por su cuerpo y su alma que va
cincelando como obra de arte.
Tomado:
Elaborado por Raul Antonio Ortiz Wilches, a partir del libro: La Construcción
del Superhombre. Contra historia de la filosofía de Michel Onfray y Federico Nietzsche.

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